lunes, 10 de diciembre de 2018
lunes, 8 de octubre de 2018
Ya lo sé abuela
Mi abuela quiere que vayamos a la plaza peligrosa.
Queda a una cuadra y tiene una jaula gigante con 4 pisos. Yo me tiro por el palo enmantecado del tercero. Me golpeo contra el suelo cuando llego abajo.
Queda a una cuadra y tiene una jaula gigante con 4 pisos. Yo me tiro por el palo enmantecado del tercero. Me golpeo contra el suelo cuando llego abajo.
No lloro.
Te vas a golpear así, tenés que agarrarte mejor, me dice.
Te vas a golpear así, tenés que agarrarte mejor, me dice.
Ella siempre quiere que vaya para adelante, si me caigo,
tengo que pasar de nuevo por el mismo lugar pero esta vez sin errores.
Si no puedo subir a un árbol tengo que aprender.
Intento y me raspo.
No lloro.
Si no puedo subir a un árbol tengo que aprender.
Intento y me raspo.
No lloro.
Me explica que las vías del tren son paralelas.
Ya lo sé, abuela.
Porque tenés que saberlo todo, me dice.
Ya lo sé todo, abuela, le digo.
Ya lo sé todo, abuela, le digo.
Dice que las montañas son altas y empinadas, y las sierras
más bajas y redondeadas.
Ya lo sé, abuela.
Ya lo sé, abuela.
Me enseña que no tengo que tenerle miedo al error, porque es lo más humano del mundo.
Tengo diez años. Todos los mediodías tengo que repetirle sin
equivocarme las calles desde el bajo hasta Flores: Balcarce, Defensa, Bolivar,
Perú, Chacabuco, Piedras, y sigo.
Ya las sé, abuela.
Ya las sé, abuela.
Mi abuela dice que me parezco a ella.
Ya lo sé, abuela.
Ya lo sé, abuela.
Tengo 14 años y escribo haikus.
Almorzamos juntas y me pide que invente uno sobre ella. Si no es un poema puede ser otra cosa, me dice.
A veces le escribo cartas, cuentos o poema. Pero no sé bien.
Tenés que aprender si no sabes, me dice.
Que me diga eso me hace llorar.
Almorzamos juntas y me pide que invente uno sobre ella. Si no es un poema puede ser otra cosa, me dice.
A veces le escribo cartas, cuentos o poema. Pero no sé bien.
Tenés que aprender si no sabes, me dice.
Que me diga eso me hace llorar.
Abuela, es distinta la imaginación, le digo.
Un día vas a escribir un libro sobre nuestras noches
durmiendo en el piso, trepando un árbol, dibujando juntas, hablándole a
desconocidos por la calle para que nos digan qué significa para ellos tus
sueños, me dice.
Ya lo sé, abuela.
Andrea Gaetano
Soy Andre Gaetano, fotógrafa. Siento que a veces lo visual no me alcanza. Es ahí cuando empiezo a usar la escritura como herramienta para atravesar la vida.
viernes, 28 de septiembre de 2018
Anagnorisis (latín: para darse cuenta)
Pasame la sal, le dijo
Y en ese momento
Ahí, fue eso
me di cuenta
Con tan solo una mirada
Un tono de voz áspero
Como la mancha de vino en una blusa blanca
Sentí un martillo entre las costillas
Ya no se querían
No sé a dónde se fue
Ni como conseguirlo
Solamente entra en un par de ojos
Es un hilo invisible
Si se rompe
Se rompe.
*
Tener tiempo no es tener aire
No es estar más tranquila
No es descansar los parpados
Reposar boquiabierta en el agua que te
quita peso
No es disfrutar
No es fundirte con el cielo
A veces nos sentimos solas
Tener tiempo es ver como todo se mueve
Y vos seguís quieta.
Ph. Nicholas Wilkins
Me gusta que me digan Lu
o Luchi. Nací en diciembre del 2000. Escribo porque me encanta leer. La adolescencia me encontró sensible.
martes, 25 de septiembre de 2018
Poemas de amor
*
Nos acostamos para no dormir
agotados de tomar cerveza
y de jugar a darnos un beso
en cada esquina
necesitamos decirnos algo nuevo
las palabras, las de siempre
parecen minúsculas
creemos entender algo más:
el contacto visual
nos volvemos un poco transparentes
me decís que mirándote a los ojos
puedo darme cuenta de todo
del vértigo
tan fácil digo
que odio que amo
un perro, una película
o un pedazo de torta
lástima que ahora
las únicas palabras
que me animo a pronunciar
te sugieren que apagues la luz
Cosas que no quiero que sepas
1.
Todo lo que lloré
cuando tiré tu cepillo de dientes a la basura
Las cerdas estaban despeinadas
de tanto tiempo de uso
y al mango le habían salido hongos
por el abandono.
2.
Encontré una foto instantánea de los dos.
Estaba adentro de una novela como señalador.
Decidí que ese era un buen lugar
para que sigas existiendo
sin que nadie lo sepa.
3.
Pasé en bici por el automac
al que íbamos a bajonear
helado o papitas a las 3 de la mañana
y vi en la fila un auto igual al tuyo.
No me animé a mirar por la ventanilla.
Pedaleé más rápido.
4.
Caminé por tu barrio,
tu pedacito de capital federal
que antes también era mío.
Ví el auto de tu mamá estacionado,
me crucé con un amigo tuyo,
pasé por la puerta de tu casa
y tus perros me ladraron.
Sol González
De chica pensaba que cumplir 20 años significaba tener la
vida resuelta. Ahora que los tengo entiendo que las cosas nunca terminan de
resolverse. Aprendí a conformarme con escribir poemas que me ayudan a dar
cierres simbólicos a todo lo que queda dando vueltas en mi cabeza y a dejar la
psicóloga sin culpa.
martes, 18 de septiembre de 2018
Ese río cuando suena
Ese río cuando suena
Porque al despertarme
Salgo a la galería
de esta casa
construida
sobre la pendiente
a base de piedras y descansos
de verano y lluvia torrencial.
Salgo a la galería
de esta casa
construida
sobre la pendiente
a base de piedras y descansos
de verano y lluvia torrencial.
Porque hay
pinos plantados
en la vegetación dura
nacida guacha entre las piedras
un colibrí plateado
que en su madrugada
desayuna unos jazmines.
pinos plantados
en la vegetación dura
nacida guacha entre las piedras
un colibrí plateado
que en su madrugada
desayuna unos jazmines.
Porque al despertarme
digo
desde los huesos
que están acá y me sostienen
qué silencio
y tardo en comprender
porqué lo digo
qué silencio
y me pregunto
sin abrir los labios
de qué está hecho.
digo
desde los huesos
que están acá y me sostienen
qué silencio
y tardo en comprender
porqué lo digo
qué silencio
y me pregunto
sin abrir los labios
de qué está hecho.
Quizá
Del canto
de los pájaros
que lo atraviesan
sin romperlo.
de los pájaros
que lo atraviesan
sin romperlo.
Del cielo
cuando quiebra
la negrura de la noche
y amanece.
cuando quiebra
la negrura de la noche
y amanece.
Del rumor del agua
de ese río
que puedo ver
de ese río
que puedo ver
porque suena.
Leopoldo
Me esperabas
con un pollo al disco
bajo la glicina
la mesa, el mantel floreado, la picada, el sifón, el Gancia
porque la parrilla
siempre fue
tu mejor manera
de decir
al fin llegaste te extrañaba.
No necesito, ahora, cerrar los ojos
para verte
como cada vez que volvía
desde la esquina
ahí, frente a las rejas
parado serio
ansioso
con tu bastón entre las manos
la gorra gris
la de diario
decolorada
luego de que te apagaste
mansamente
bajo el nogal
un mediodía
fue herencia
y aún la uso
cada verano.
Pero tú presencia:
es olor a bagna cauda en semana santa
puteada en piamontés
chorizo a la grasa.
Ph. Yasin Aribuga
Santiago Bessone
Comencé
a transitar esta vida entre tradiciones piamontesas, en el comienzo de los años
de plomo, cuando las tapas de los diarios hablaban del regreso de Perón y de la
guerra de Vietnam. Es de ese pasado, que sigue siendo presente, de donde hoy
surgen las palabras que encadeno, como aprendiz de orfebre, en muchos de mis
versos.
Dicen,
que las palabras, que la escritura, que la poesía, nos salvan. No puedo, aún,
dar fe de eso. Pero si puedo afirmar que mi vida sería un poco menos amable sin
esas palabras que me vibran en los dedos cuando el poema comienza a asomar como
el sol sobre las sierras en donde hace más de cuarenta años mis ojos vieron por
primera vez el mundo.
miércoles, 12 de septiembre de 2018
En la foto parece que puedo tenerte
A Coca
1.
Afuera hay un día hermoso.
Acá dentro, un vacío.
La muerte no entra en el cuerpo,
queda flotando en el aire
y uno no sabe qué parte agarrar.
Estoy lejos
y no pude despedirte.
A las dos de la tarde salgo en auto
para llegar directo
a una funeraria. La casa Dri.
Hay una cascadita allá con ese nombre,
es un lago hermoso a donde íbamos.
Recordá lo lindo, dicen todos,
pero si me acuerdo
entro a zambullirme
en ese lago donde nadamos juntas
y dudo que quiera aprender a flotar.
No creo más en el cielo abuela
¿Vuelvo a creer?
Para pensar que estás viva en alguna parte,
con el abuelo y tu hijo
poniendo la mesa, sirviendo fideos
con esos pelos blancos
que tanta vida llevan.
2.
Hasta hace unos meses
estuvimos zambullidas en el agua.
Ibas con tu gorrita de natación
odiabas los pelos llenos de cloro.
Me sentía una nena abrazada a tu cuello.
En el agua, decías,
las cosas son más livianas.
Después nos sentábamos a merendar
tu toalla violeta atada a la cintura.
Tomabas té con leche
a cuarenta grados a la sombra.
Hay cosas que nunca cambian abuela,
no hace falta.
Este verano voy a ventilar tu silleta
meterme al agua y sentir
que todavía estas en alguna parte.
Sobre todo cuando el sol
encandila el agua.
3.
Estas en la churrasquera de casa
tus ojotas negras pisan
las baldosas de piedras del patio.
La silleta verde y blanca te espera
bajo la sombra del gomero.
En la foto parece que puedo tenerte.
Las cosas tienen forma acá en la tierra
y una vez me dijeron que los que se van
pueden mutarse en las hojas
que golpean tus hombros.
En la lluvia de hacer barquitos
¿Te acordas cuando los tirábamos
en la calle
y dejábamos que se pierdan?
Quiero que te transformes en mi mano.
Tenerte a vos en la izquierda
y a la abuela en la derecha.
En mis pelos, pueden ser
los mechones que quieran.
En mis ojos, para ver la vida.
Afuera hay un día hermoso.
Acá dentro, un vacío.
La muerte no entra en el cuerpo,
queda flotando en el aire
y uno no sabe qué parte agarrar.
Estoy lejos
y no pude despedirte.
A las dos de la tarde salgo en auto
para llegar directo
a una funeraria. La casa Dri.
Hay una cascadita allá con ese nombre,
es un lago hermoso a donde íbamos.
Recordá lo lindo, dicen todos,
pero si me acuerdo
entro a zambullirme
en ese lago donde nadamos juntas
y dudo que quiera aprender a flotar.
No creo más en el cielo abuela
¿Vuelvo a creer?
Para pensar que estás viva en alguna parte,
con el abuelo y tu hijo
poniendo la mesa, sirviendo fideos
con esos pelos blancos
que tanta vida llevan.
2.
Hasta hace unos meses
estuvimos zambullidas en el agua.
Ibas con tu gorrita de natación
odiabas los pelos llenos de cloro.
Me sentía una nena abrazada a tu cuello.
En el agua, decías,
las cosas son más livianas.
Después nos sentábamos a merendar
tu toalla violeta atada a la cintura.
Tomabas té con leche
a cuarenta grados a la sombra.
Hay cosas que nunca cambian abuela,
no hace falta.
Este verano voy a ventilar tu silleta
meterme al agua y sentir
que todavía estas en alguna parte.
Sobre todo cuando el sol
encandila el agua.
3.
Estas en la churrasquera de casa
tus ojotas negras pisan
las baldosas de piedras del patio.
La silleta verde y blanca te espera
bajo la sombra del gomero.
En la foto parece que puedo tenerte.
Las cosas tienen forma acá en la tierra
y una vez me dijeron que los que se van
pueden mutarse en las hojas
que golpean tus hombros.
En la lluvia de hacer barquitos
¿Te acordas cuando los tirábamos
en la calle
y dejábamos que se pierdan?
Quiero que te transformes en mi mano.
Tenerte a vos en la izquierda
y a la abuela en la derecha.
En mis pelos, pueden ser
los mechones que quieran.
En mis ojos, para ver la vida.
Nací un 22 de febrero, Concordia, entre dos ríos. Algo de eso quedó en mis ojos . Soy hermana, hija y nieta. Me entrego a la escritura a través de las figuras femeninas de la familia. Escribo sobre mi casa, sus paisajes, sobre la falta. Todo lo que soy se lo debo a ellos.
jueves, 6 de septiembre de 2018
Cuando morimos nos quedamos en casa
En las tardes de otoño, mi hija y yo
preparamos té de jazmín en una tetera china,
la hoja seca tiene un aroma hermoso, decimos
y nos acercamos para olerla.
La hoja mojada con el agua se transforma,
tiene un color nuevo, como rosado, parece otra.
el agua que pasa por la hoja
con la ligereza con la que el agua atraviesa las cosas,
conoce el reposo.
Hay dos pocillos en la mesa
dorados y rojos,
con el dibujo de un dragón
que con el fuego de su boca
puede calentar el universo
y todo lo que entra en esa taza.
¿Qué es el amor mamá? pregunta mi hija
y me dice que el amor es querer a otro,
quererlo mucho,
que siempre hay otro que te quiere
que el amor no es para siempre,
y que dura el tiempo que estamos vivos.
Después, se acerca
y al oído, bajito, confirma
que me ama todavía porque no murió,
me dice que no tengo que preocuparme
que cuando estemos muertos va a haber otros
viviendo y amando
y que por eso
cuando morimos nos quedamos en casa.
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